Tú ibas en un coche.
Saliste del punto A para ir al punto B. Arrancaste a una velocidad inicial de 0 kilómetros por hora y aceleraste gradualmente hasta alcanzar los 100 kilómetros hora. A lo largo del camino pasaste por muchas velocidades: 22 km/h, 37,5 km/h, 78,9 km/h. De hecho, pasaste por infinitas velocidades. En este caso, la probabilidad de que fueras a 50 km/h tiende a cero. Sabes que hubo un instante en el que fuiste a 50. Pero la probabilidad es cero.
En ese momento que matemáticamente hablando nunca existió, te cruzaste conmigo. Yo iba del punto C al punto M, e iba reduciendo de 100 a 0.
Me crucé con alguien en el 81, con el siguiente en el 62. Después del 50, aparecerían el 22, el 14 o el 8.
Infinitas velocidades con infinitos encuentros imposibles e irreales porque la probabilidad de que ocurran tiende a cero. Y sin embargo son reales.
Infinitas las ganas de quedar suspendidos a velocidad constante girando en una noria alrededor de lo mismo de siempre. A 50 kilómetros por hora.
“La matemática es la ciencia del orden y la medida, de bellas cadenas de razonamientos, todos sencillos y fáciles”
René Descartes.
Ojalá todo fuera matemática.
Ay musa literata...yo empiezo a pensar que las matemáticas, la velocidad y el tocino nada tienen para mi...es lo que hay...¿y lo bien que lo pasemos que?...que se les ocurra quitarnos lo bailado (esto si lo dijo alguien fue junco por lo menos)
ResponderEliminarPues hay que últimamente de tocino me estoy poniendo bien... a diferencia del enloalto
ResponderEliminar:)
Y bailar ya sabes tu que yo bailo poco