Todos los días leía el horóscopo. Directo a la sección de amor. La salud, el dinero, la familia y el trabajo le importaban una mierda.Todos los días el expreso de la mañana del día anterior se disfrazaba de tren y bailaba en la frontera entre Para Siempre y Nunca Más. Adelante. Y hacia atrás.
Todas las mañanas recordaría el día que aceptó ese trabajo, esa vida. Esa hipoteca, ese camino que tan fácil parece de trazar.Todas las mañanas de diciembre vería pasar los mismos coches yendo a trabajar. Bajaría a comprar al mismo lugar y subiría de vuelta a la misma casa, a la misma puerta.
Esa casa que cuarenta años le costó pagar.
Nunca se paró a pensar en el futuro ahorro que en su vida supondría esa decisión. Ya nunca pagaría más adivinas, futurólogos o bolas de cristal.
“Dime, bola de cristal, ¿cuál será mi futuro? ¿Dónde estaré dentro de cuarenta años?”“Estarás en el mismo lugar, en la misma silla, en la misma casa, en la misma ciudad”
Decisiones que se toman, caminos que se van. Cuarenta años son muchos para volver atrás. Se mira al espejo y sólo ve una figura vieja, adusta. Y se muere por volver.
A aquel tiempo, aquel lugar.
Y decirme quédate.
Foto: Blenheim, NZ. Octubre 07
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