Me voy a comprar un vestido muy caro, le dijo. ¿Para ir a la boda de tu prima? No, para ir a ver exposiciones.
El paseo hasta el canal era eso: un paseo. Veinte minutos, le dijo. La mañana era fría pero soleada. El sol de invierno es más bonito que el de verano, pensó. O al menos, se agradece más.
Dar las gracias al sol por dar calor tiene el mismo sentido que odiar al león por habernos mordido un brazo: ninguno de los dos tiene más remedio que hacer lo que hace.
Esa mañana el sol resbalaba por los ojos hasta pegarse en las legañas. Llegaba hasta las hojas de los árboles y bajaba por el tronco hasta los alcorques. Alcorques del tamaño de habitaciones de 400€ en el centro de Madrid. Habitaciones en el centro de Madrid del tamaño de alcorques de 400€.
Quizá el mundo tuviera manual de instrucciones, pero era tan escaso como el de una lavadora.
En la calle había teatros y salas de conciertos. Pero ningún supermercado. Era una zona señorial.
Pensó. Me voy a comprar un vestido para ir al cine contigo. Pondrá Quítamelo en Versión Original. El cinturón llevará los subtítulos.
Abrió el bolso en busca de plástico con forma de tarjeta de crédito para comprar ese futuro soñado. Dentro tan sólo encontró madera con forma de palillo de dientes.
Le susurró. Conozco a un arquitecto que hace casas de palillos de dientes: son económicas y muy sostenibles. Tienen un inconveniente: son inestables y la puerta es muy fácil de tirar abajo. Pídele que te haga una.
Cuando la tengas pagada préndela fuego. Con el dinero del seguro cómprate una moto. Mete las cenizas de la casa en la moto y viaja hasta una ciudad con olor a chocolate humeante y a metro oscuro y profundo.
Cuando llegues, alguien parecido a Peret o tal vez Maria Jiménez te encontrará.
Te dirá: A mi amigo Blanco Herrera le pagaron su salario
Tu contestarás: Y sin pensarlo dos veces salió para malgastarlo.
Él comprenderá.
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