La globalización es enemiga del folklore y del mal gusto.
Actualmente, todos somos una copia, de una copia, de una copia de alguien que, en su día, copió a otro. Subproductos de un sistema que enseña a llegar a una supuesta excelencia mediante un procedimiento de copia de modelos, donde no se suelen mostrar las bases, sólo los resultados.
El proceso mental y la reflexión intelectual que destilan la realidad y van borrando caminos vitales hasta que sólo resta elegir el que queda, ha desaparecido. Hoy en día no importa el desarrollo, sólo el final.
En el fondo de nuestros vasos ya no hay posos del camino, de las pruebas y los errores. Todos tenemos el mismo vaso de Ikea, limpio y sin picaduras. Si se nos rompe, compramos otro. Es sencillo.
La única diferencia es que unos lo ven medio lleno, otros medio vacío.
Los unos tendemos a rodearnos de los otros, acaso con la esperanza de que la teoría de los vasos comunicantes funcione a niveles cósmicos, y así poder llegar a rozar una supuesta paz de espíritu. El problema es que los del vaso medio lleno no poseen el vaso entero. Y el paso de endiosamiento al que se los somete hace que, inevitablemente, luego sólo les quede bajar.
El otro día paseando por Madrid me encontré con este mensaje:
La gente con rastas tampoco es tan fascinante.
Me hizo cierta gracia poder asistir al momento en que alguien lo vio con total claridad: desde que el mundo entero no puede ser un lugar exótico, es imposible encontrar rasgos de autenticidad individual.
Quizá sería mejor raparnos todos las rastas de las imposturas, y brindar con vasos vacíos llenos de posos. Calvos y de igual a igual.
Foto: Madrid

Audaz reflexión, aunque a mi me gustan mas los vasos llenos y con muchos posos, saludos!
ResponderEliminarNo eres lista tú ni nada
ResponderEliminar:)
Pero son taaaan difíciles de encontrar...