lunes, 14 de septiembre de 2009

Cambiando las cosas

La infancia puede ser algo maravilloso o algo terrible.
La familia y el barrio donde te crías intervienen decisivamente. Tu casa, tu ciudad, son factores importantes.
Pero el colegio me atrevería a decir que es El Factor determinante.
Yo fui a un colegio donde nos pegábamos todos con todos, nos escupíamos, nos mordíamos, nos arrancábamos el pelo. A veces uno de los niños de la clase a las niñas nos arrinconaba y nos meaba los zapatos. Los chicos nos dejaban jugar con ellos al fútbol sólo si nos poníamos de porteras, para así darnos balonazos en la cara.
Un día llegó a clase una chica nueva. Chica a la que en esta historia llamaremos "María de Medeiros da Silva". Era portuguesa, medía 1,80, rubia. Estaba buenísima pero tenía muy mala leche y estaba de vuelta de todo.
Un día estábamos las chicas en el patio a la hora del recreo. Estábamos en 7º de EGB y teníamos 13 años. "María" tenía 15 y a mí me parecía la MUJER con más experiencia del planeta. En mi colegia había tres zonas de juego: el frontón. el campo de baloncesto y el de fútbol. Y se diferenciaban solamente en el tamaño del campo, porque se jugaba a fútbol en los tres. Y sólo los chicos. Los de 8º (los mayores) se quedaban con el grande, los de 7º con el de basket y los de 6º con el frontón. El resto de clases inferiores pululaban por donde podían o les dejaban. Y ESO ERA ASÍ. Y PUNTO. DESDE HACÍA MUCHOS AÑOS.
Ese día nos acercamos al campo de los mayores y accidentalmente el balón se les escapó, llegando a los pies de la portuguesa. Ella lo cogió.
El chulito de 8º (que decían por ahí que ya follaba) se acercó a la rubia nueva del cole para enseñarla cómo funcinaban las cosas. Su tono vacilón no agradó en absoluto a la portuguesa, y ella respondió.
"A ver rubia, déjate de leches y lánzame el balón"
"Ven a cogerlo si tienes huevos, cabrón"
"Déjate de hostias y dámelo si no quieres que me lie a tortas contigo"
Diciendo esto se acercó demasiado al balón y a la rubia.
Ella soltó el balón y en su lugar agarró la cabeza del tonto incauto. Comenzó a darle rodillazos en la nariz. Unos tres o cuatro. El chico quedó atontado. Por si no le hubiera quedado claro de qué iba el asunto le empujó contra la pared y empezó a darle de bofetones en la cara. Unos cuatro, aproximadamente.
En esos momentos no se dio cuenta casi nadie, pero en mi memoria todo el patio del colegio enmudeció, porque un silencio de ultratumba era lo que se merecía aquella escena que sería recordada durante años como el día en que una chica de 7º pegó a un chico de 8º (¡y repetidor!)
Ese día los pilares básicos de la estructura social de un colegio público en mitad de Castilla se tambalearon. Y todos (o casi todos) gritamos un hurra por la portuguesa.
Dos o tres años más tarde, cuando yo ya estaba en el instituto, la dirección del colegio cambió y esa Ley de la Selva de Patio de Colegio Nunca Escrita se prohibió. En su lugar se impuso un sistema rotatorio de turnos para que todas las clases pudieran disfrutar del espacio. El sistema de derecho había llegado al cole.
Ridículamente recuerdo que me indigné, y todos mis amigos conmigo. Porque todos habíamos disfrutado de un año (sólo uno, pero QUÉ AÑO) de ser los mayores del cole y tener la supremacía. Y era algo tan maravilloso, te hacía sentir tan importante... Los más pequeños, que llevaban unos cuantos años de paciente sumisión y esperaban año tras año que llegara su turno, fueron los que más protestaron.
Y yo me pregunto:
¿Los seres humanos nacemos masocas?
¿O nos acostumbramos desde pequeños a que nos pisoteen y de mayores ya nos da gustito?
¿El gilipollas nace o se hace?
Si se intentase instaurar un sistema rotatorio de turnos para la supremacía mundial obviamente la cosa no funcionaría, pero ¿quién protestaría ante la propuesta?
¿Los que están arriba?
¿Los que, pese a estar abajo esperan llegar un día a estar arriba?
¿Protestaríamos todos?
¿Por miedo al qué harán?
¿Por miedo al qué haré?
Quizás estemos muy acostumbrados a que la responsabilidad esté en manos de otros. Quizás demos muchas veces demasiadas cosas por sentado, por ciertas e inamovibles.
O tal vez de vez en cuando necesitemos más portuguesas en nuestra vida, para que nos sacudan un par de bofetones y nos abran los ojos a lo que puede haber más allá.
PD: A la portuguesa la volví a ver 10 años después, cuando entré a trabajar de camarera en un bar en verano. No sólo se acordaba de mí, sino que me recordaba con mucho cariño (yo la dejaba que me copiara las respuestas en los exámenes).
Ella estaba de encargada: me enseñó todo lo que sabía para moverse con soltura dentro de la barra. Y cada vez que vino un borracho a las tantas de la mañana buscando jaleo con la camarera, ella me defendió como si yo fuera su hermana.
Olé por ella.

4 comentarios:

  1. LO DE ACTUALZIAR DE VEZ EN CUANDO COMO LO VES...¡¡¡QUE ME ABURRO JOLÍN!!!

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  2. en una fatboy al más estilo "teléfono rojo volamos hacia moscú"...ole

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  3. ay...no me lo perdono musa, porque sepa usted que es mi musa...

    ayer no me despedí de usted porque contaba con encontrarme fortuitamente en el cafetín como antaño...y esta me mañana me he dado cuenta de que no, de que no la veré...y no me ha gustado un pelo...osea que tiene varias labores:
    -buscarnos un cafetín al madrid style
    -pensar en historias
    -convencerme del aimepriosa necesidad de buscarme la vida en madrid

    Mis labores son:
    -echarle huevos
    -buscarme algún telar por los madriles
    -y dibujar sus historias, porque si algo puede hacerme libre son sus historias.
    -Y APARTARME DE LAS LOCAS...

    MIL BESOS, la echo de menos desde ya mismo....así no hay quien viva
    -

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  4. cuidar de una princesa un domingo por la mañana es tan pero tan facil...besacos de un fan-artico

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